
Concepto extraído de la “Fenomenología de la Escuela”.
Ilich plantea que existen indicadores que separan a un niño de un adulto ó de un infante al momento de ser presentado en un ambiente escolar. Los fundamentos tradicionales y estandarizados por la sociedad, los pone en un plano cuestionable, que impulsa al niño a direccionar el aprendizaje de este; directamente en la escuela.
Considerando el desarrollo de la idea de niño como parte de nuestra sociedad, se nos presenta la corta y pueril historia que respalda el análisis de esta edad primaria. La gestación de niño como ser diferente a otra en cuanto a su estadio cognitivo comienza a dar a luz apenas en el siglo ya pasado, donde las primeras consideraciónes hacia los menores nace de los grupos burgueses de la sociedad; que comienzan a estratificar las edades y diferenciarlas unas a otras, como secciones individuales del desarrollo humano. La Iglesia por otro lado, preocupada de las materias espirituales, tiene un lento proceso de asimilar las diferencias psicobiológicas, llegando a entender la inocencia y la delicada etapa que el ser, como individuo; cruza en tal etapa.
Donde las consideraciones del niño son más tardías es en los sectores humildes, donde poner a trabajar al niño como a un adulto no es un acto de brutalidad, sino de necesidad. Al contextualizar la idea anterior con otros lugares, de distinto pensamiento y de distinto desarrollo civil y humano; vemos que los criterios se diferencian y que las estandarizaciones no existen; por el distinto y desigual desarrollo que se tiene de la imagen del niño y por las distintas necesidades que se tiene en la ocupación de su persona inmadura y tierna.
Distinto es lo ocurre en a finales del siglo XX y lo que ocurre en el actual siglo XI; donde ya hay una cultura desarrollada, que pone al niño en un estadio humano concreto, donde las leyes lo consideran y protegen. Es de suma importancia tener una relación intrínseca para tener un correcto proceso escolar; tener el simultáneo paralelismo entre niñez y escolaridad. En la actualidad, tenemos arraigada la imagen de niño y lo que este debe y le corresponde hacer según su edad; teniendo cánones socio-legales que dan libertades a los pequeños para ejercer sus deberes y sus libertades como niños; pero también limitándolo dentro de estos mismos cánones ya mencionados. La resultante de toda esta gama de reflexiones obtiene como consecuencia una gran cantidad de pueriles que evitan y cuestionan las actividades que como niños deben realizar, lamentando y no gustando su estado de infante.
La institucionalidad nos entrega una instancia de segregación como la escuela, donde el niño debe desarrollar y ejercer sus habilidades de manos de un maestro; pero la cuestión radica en el sometimiento estratificado y disociado que nos entrega la sabia institucionalidad y poderoso sentido común, que dicta que el niño debe regirse bajo la autoridad de un maestro, poniendo como normativa el estado de niñez como requisito de escolaridad ligada a la imagen de maestro autoritario que enseña.
Conceptualización de Carlos Lucich O.